Nueve días en Estocolmo (2/2)

07 Jul Nueve días en Estocolmo (2/2)

 

En Estocolmo nos alojamos en la isla de Kungsholmen, en los apartamentos Vander, con una buena oferta en equipamiento y con un precio aceptable dentro de lo caro que es todo aquello, y sobre todo con una estación de metro, la de Thorildsplan, a unos cinco minutos, algo importante porque se trata de una de las zonas menos atractivas de la ciudad, en el pasado ocupada por fábricas y clases trabajadoras y en el presente residencial con numerosas oficinas (resultaba muy complicado encontrar un supermercado por allí), a pesar de incluir en uno de sus extremos el impresionante edificio de ladrillo rojo que alberga del Ayuntamiento de la ciudad, el Stadhuset.


Otra de las islas que hay que visitar es Djurgarden, un espacio con mucho verde que incluye varios museos, el más sorprendente el Vasamuseet, que, literalmente, tiene en su interior un barco completo que fue rescatado del fondo del mar. Se trata del buque de guerra Vasa, que se hundió, al poco de su botadura, el 10 de agosto de 1628 y permaneció 333 años en el fondo del mar, hasta que fue recuperado y restaurado y hoy se encuentra a la vista del público con sus magníficas tallas y ornamentos, con el 98% de sus materiales originales.


En esa misma isla hay otro museo dedicado al grupo Abba, un símbolo musical de la Suecia de los setenta, 35 euros la entrada; un parque de atracciones con todos los «tormentos» asociados a estos entretenimientos; y un gran parque natural, Skansen, con numerosos paseos por la naturaleza y un pequeño zoológico con animales en (dudosa) semilibertad, entre ellos unos osos y unos bisontes. Menos relevante es la cercana isla de Skeppsholmen, unida por un puente que salva un mínimo canal, y su apéndice Kastellholmen, con un pequeño castillo al que debe su nombre.


La última isla a la que vamos a referirnos es Sodermalm, situada a continuación de Gamla Stan y la más grande de todas ellas. Originariamente un espacio ocupado por la clase trabajadora y en la actualidad convertida en zona residencial de la clase media. Una isla cuya vía principal es la muy animada Hornsgatan —la atraviesa horizontalmente en su parte norte—, y que cuenta con multitud de parques y playas urbanas en su parte sur, pero que andaba enfrascada en (espectaculares) obras en buena parte de su línea de costa fronteriza con Gamla, lo que prácticamente hizo imposible nuestra visita al Fotografiska, el museo de la fotografía.


De la parte continental de Estocolmo estuvimos en sus dos principales barrios, Norrmalm y Östermalm. El primero constituye el moderno centro de la ciudad, con un par de grandes plazas, Hötorget, con una serie de edificios de muchas alturas dispuestos como fichas de dominó y un mercado de frutas y verduras; y, a pocos metros de distancia, Sergels Torg, una plaza de dos alturas con una llamativa columna de vidrio que fue colocada en los años setenta. Norrmalm es una zona de amplias avenidas comerciales y muchas construcciones de interés arquitectónico o artístico, como el edifico de la Ópera o el Museo Nacional. Su principal arteria es Kungsgatan, una animada vía comercial de kilómetro y medio de longitud que recorre todo el barrio, tanto que comienza en la isla de Kungsholmen y termina en el vecino Östermalm. En ella se encuentran las dos torres Kungstornen y el parque de Humlegarden, un gran pulmón verde en el que está ubicada la Biblioteca Nacional.


El segundo barrio continental, Östermalm, que a decir verdad no pateamos demasiado, es la zona de lujo de Estocolmo, con tiendas de alta costura y uno de los teatros más famosos de la ciudad, el Dramaten. Está separado de la isla de Djurgarden por un estrecho canal que pone en contacto las dos grandes zonas verdes que ambos espacios tienen en sus extremos.


Punto y aparte lo constituyen las estaciones del metro —del Tunnelbana, para hablar con precisión— que tienen una decoración grandiosa y fuera de lo común que ningún visitante puede perderse. Las más interesantes son la propia T-Centralen, con motivos vegetales pintados en blanco y azul; el rojo y el verde intensos de Solna Centrum (línea 11); la Kungstragarden (línea 11), que evoca una excavación arqueológica; la Radhuset (línea 11), en referencia al edificio de los juzgados que hay a su salida, que se pretende una caverna natural de tierra rojiza; la Stadion (línea 13), con su muy reproducido arcoíris; la Tekniska (línea 14), con motivos que remiten a la astronomía y las leyes de la física; incluso «nuestra» propia estación, la Thorildsplan (línea 17), presentaba unos llamativos mosaicos de concepción geométrica.


La comida siempre es un aspecto importante de nuestros viajes y no porque nos montemos grandes comilonas —en absoluto— ni porque busquemos restaurantes distinguidos con alguna estrella —todavía menos—, sino porque nos gusta conocer la comida del lugar como un rasgo más del paisaje humano que estamos visitando. Más allá del exotismo del «fika» —una pausa para tomar una bebida caliente y un peculiar bollo con bastante canela y, en cualquier caso, muy contundente—, la cocina nórdica no es especialmente variada, pero sus platos estrella ganan muchos enteros al consumirlos sobre el terreno. Por supuesto, el salmón, común a todo ese norte, que lo tomamos cocinado en un escaldado con vino muy brillante en el restaurante Bla Doren, que se encuentra a la entrada de la isla de Sodermalm, pero especialmente, en el caso sueco, las albóndigas de carne, que están servidas con un puré de patatas acompañado de unos frutos rojos y unos pepinillos muy acertados. El local más recomendado en las guías para esta degustación es el Meatballs for the people, también está situado en Sodermalm, que ofrece un plato con ocho modalidades de albóndigas (en función de la procedencia de la carne), aunque se pasaron un poco en la cuenta. Nosotros vamos a recomendaros, sin embargo, otro que solo sirve una clase de albóndiga, pero que está mejor que cualquiera de las ocho anteriores y además a mejor precio, el Sten Sture, en la calle Trangsund 10, en la isla de Gamla, a escasa distancia del Palacio Real. Un local que, además, está situado en una antigua bodega con bóvedas del siglo XIV que, según cuentan, fue utilizada a lo largo del tiempo como mazmorra y monasterio.


Un pequeño complemento a nuestro viaje fue un desplazamiento a Uppsala, la cuarta ciudad de Suecia en número de habitantes (unos 150.000), situada a unos 70 kilómetros de Estocolmo y a la que se puede llegar con la misma línea que conecta con el aeropuerto de Arlanda, añadiendo un suplemento de 3 euros a nuestra tarjeta de transporte. Es una pequeña y agradable ciudad atravesada por un río, el Fyris, que aparecía un poco sucio a su paso por el centro urbano.


Su principal atractivo es su Catedral, la más grande del norte de Europa y comenzada a construir a finales del siglo XIII. Otros dos buenos reclamos son la Universidad, también la más antigua de los países escandinavos, y el jardín de Linneo, al que se puede acceder mediante una entrada, diseñado originariamente por este científico que ha quedado como el creador de una popular clasificación de los seres vivos. La principal arteria comercial y vital de la ciudad es la calle Drottninggatan, que se interrumpe en la popular plaza de Stora Torget, con una farola de tres brazos como signo de identidad, y después se convierte en Vaksalagatan. Una escapada de unas horas que completa un viaje que, como tantos otros, permanecerá en el recuerdo. A por el próximo.
Fotos: Inma Fernández

1Comment
  • Manuel
    Publicado a las 10:55h, 09 julio Responder

    Una bonita y atractiva descripción del viaje. Gracias por los comentarios que siempre son de gran ayuda.

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