La isla de Amrum: el niño y el nazismo

08 May La isla de Amrum: el niño y el nazismo

 

Amrum es una isla del grupo de las Frisias de poco más de 20 km² de extensión, casi la mitad ocupada por una gran duna de arena, que está situada en el Mar del Norte y pertenece a Alemania. Buena parte de sus localidades proceden de antiguos poblados frisios, pero una de ellas fue fundada en el siglo XIX y se creó como destino turístico de los alemanes continentales. Se trata de la pequeña ciudad de Wittdüm, en la que transcurre la acción de la película.


Hark Bohm (1939 / 2025) es un cineasta alemán —actor, guionista y director— de larga trayectoria. Como actor acumula casi cien créditos, todos como secundario (casi siempre apoyado en su particular físico), entre ellos algunos trabajos con Fassbinder y una aparición en «El monstruo de St. Pauli» (2019), un relato verdaderamente «insoportable» de Fatih Akin; como director no llega a la veintena de títulos, la mayoría producciones para la televisión, todos ellos sin estreno en España y desconocidos para mí; y como guionista, la faceta que nos interesa en este momento, muchas veces en producciones propias, ya había colaborado con Fatih Akin en «Good Bye Berlin» (2016) y «En la sombra» (2017).


Ahora vuelve a escribir junto a Fatih Akin el guion de esta película, con el importante añadido de estar inspirada en sucesos y ambientes de la infancia del propio Hark Bohm en esa isla de Amrum, en la que su familia pasaba algunas temporadas de vacaciones (es natural de Hamburgo, la gran ciudad alemana más próxima a la isla). Aunque esta vez se trata de unas vacaciones muy especiales porque coinciden con el final del nazismo —Hitler muere en directo— tras la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial. El propio Hark Bohm aparece en unas emotivas imágenes finales, fallecería al poco tiempo, contemplando esa playa en la que transcurrieron aquellos días de su infancia y la acción de esta película que los recuerda.


La película pertenece, pues, a ese apartado de relatos que están contemplados a través de la mirada de un niño que pierde la inocencia en contacto con hechos significativos del mundo de los mayores para los que todavía no tiene las respuestas. Y en este caso esos hechos significativos son, ni más ni menos, que el final de un régimen, el nazi con todas sus connotaciones y (no) valores, en el que el niño había construido sus referentes emocionales y que ahora se viene abajo dejándole literalmente desnudo ante ese nuevo mundo que llega con una buena noticia, el fin de la guerra, que, sin embargo, parece haber puesto todo del revés reduciendo a polvo todas esas cosas en las que había creído.


Utilizando un sutil e imaginativo McGuffin, la tostada de pan blanco con mantequilla y miel que ha mencionado como deseo su madre, Fatih Akin y Hark Bohm hacen recorrer a su joven protagonista una trayectoria que funciona perfectamente en el arco dramático del personaje, pero que también resulta tremendamente significativa de las tensiones y cambios de una sociedad, la alemana, que recién despertaba de una pesadilla, el nazismo, que ella misma había creado como sueño final. Fatih Akin sigue con su buen cine.

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