Toledo… en dos noches

POST 108.1

12 jun Toledo… en dos noches

 

Este segundo fin de semana de junio, entre unas dispersas amenazas de lluvia, que no llegaron a concretarse, y una temperatura (afortunadamente) bastante más fresca de lo habitual en esas fechas, he estado en Toledo, en un viaje organizado por el Taller de Historia del Arte de la Asociación Salamandra y puesto en práctica por su incansable —no se trata de un adjetivo retórico sino de pura descripción científica— monitora Reyes. Yo iba en calidad de consorte porque, de momento, no pertenezco al taller, pero he disfrutado de todos los «derechos» ya que ni en este taller ni en L’Eliana hacemos discriminaciones.

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No conocía la ciudad de Toledo, aunque mi pareja alude a una lejana y breve estancia de la que no recuerdo nada en absoluto —una cosa, no recordar algo que afirman que realmente ha sucedido, que, en mi caso y en los últimos tiempos, tampoco resulta tan rara—, y me ha parecido una de las ciudades más recomendables que he visitado. Y eso que he estado en unas cuantas, algunas con unas cuantas estrellas Michelin. Y buena parte de culpa en ese descubrimiento la tiene la impecable organización del viaje por la citada «incansable».

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Comenzando por el alojamiento elegido —soy de los que piensan que la elección de este centro de operaciones tiene mucho que ver en el éxito de un viaje—, en nuestro caso La Casa de los Mozárabes, un pequeño complejo situado en pleno casco histórico, a unos tres minutos de la estratégica —turísticamente hablando— plaza del Zocodover, algo así como la plaza Mayor de tantos pueblos y ciudades pero con nomenclatura árabe. Unos estupendos apartamentos con diferentes plazas, de dos a seis, un bonito patio interior y un sótano reconvertido en lugar social, con un billar y un pequeño gimnasio, aunque esto último es innecesario porque la «gimnasia» la haces directamente callejeando, ya que hay bastantes más cuestas que llanos.

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Enumerar los monumentos a visitar desbordaría las intenciones de este texto y, además, tampoco serviría de mucho porque, muy probablemente, el lector se habría olvidado del primero cuando anduviera por el quinto y todavía le quedaran unos cuantos. Lo que hay que hacer es recorrerlos sin ningún afán de memorizarlos, dejando que vayan calando como una lluvia fina que después nos llevaremos con nosotros. Toledo es una de las máximas expresiones del arte mudéjar pero también lugar de confluencia diferentes culturas, asociadas o no a alguna religión, la judía, la visigoda, la cristiana, la musulmana, la romana… De todas ellas quedan restos y huellas —en ocasiones sólo leyendas porque siquiera se ha localizado su ubicación exacta—, unas veces fusionadas y otras superpuestas, pero siempre dejando constancia de esa línea constante que nos marca la historia de la humanidad. Ahora tenemos la ocasión de recorrerla, para ello sólo hay que pasar un par de noches en Toledo. Como hemos hecho nosotros.

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Fotos: Inma Fernández

2 Comments
  • Mariluz Sanchis
    Publicado a las 20:45h, 12 junio Responder

    Un bonito relato que resume muy bien nuestro viaje a Toledo, Gracias Pedro.

  • Pilar orti mendoza
    Publicado a las 13:22h, 13 junio Responder

    Es que tenemos una suerte tremenda de tener a Reyes!!.

    Personalmente, llevo 5 años siendo alumna suya y me encanta el rigor de sus clases, siendo al mismo tiempo muy amenas y asequibles.

    Y …si hablamos del clima social que ha sabido crear y gestionar entre sus alumnos. ..UN 10!!!

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