The party

POST 099.1

13 mar The party

 

Sally Potter es una cineasta inglesa con escasos largometrajes en su filmografía pero todos ellos, al menos los que le conocemos (que son prácticamente todos), dotados de un magnetismo especial. Podrán gustar más o menos —yo me apunto a los del más— pero son casi piezas únicas por la singularidad de sus planteamientos: Orlando (1992), adaptación de la novela de Virginia Woolf; The tango lesson / La lección de tango (1997), que protagoniza ella misma; y The man who cried / Vidas furtivas (2000), quizás el más discutible de los tres pero igualmente tocado por la gracia de la originalidad.

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The party (2017), la película que se acaba de estrenar en nuestras pantallas, suma y sigue en esa vocación de situarse al margen de los caminos conocidos. Tanto por sus signos externos —está filmada en blanco y negro, en un solo escenario y apenas supera la hora de duración, un trío de anatemas en los tiempos actuales— como por sus rasgos internos, ya que, aunque parece acogerse a un modelo conocido —la reunión de viejos amigos que termina en drama al sacar los trapos sucios de sus relaciones—, lo desborda en lecturas de mayor alcance y trascendencia.

POST 099.4
Con ese escenario único que hemos mencionado —cuatro o cinco estancias de la casa de la protagonista— y con siete personajes en pantalla —interpretados por unos excelentes actores— y uno en off, al que no vemos nunca pero cuya presencia sentimos en todo momento, la película, en esa hora escasa de diálogos y mínimas acciones, nos proporciona un preciso y complejo retrato del estado moral e intelectual de una determinada élite (intelectual y social) de nuestra sociedad —la del primer mundo—, dejando sobre el tapete una serie de temas que, para lo bueno y lo menos bueno, definen a una generación, la de la cineasta y la de muchos de sus espectadores, que ha transitado desde una juventud más o menos inquieta hasta una madurez tan acomodada como decepcionada: el cambio acometido desde las instituciones o desde la calle, la desconfianza en la ciencia oficial y las medicinas alternativas, el feminismo, el poder de las finanzas y su vinculación con el propio status de una clase progresista que pretende renegar de su influencia, las nuevas relaciones de pareja, las relaciones de pareja de siempre, las nuevas formas de maternidad…

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Un universo que estalla ante el espectador a partir de dos constantes clásicas, el amor y la muerte, con la enfermedad terminal de uno de los personajes y las infidelidades de más de uno, y le sitúa ante muchos espejos, unos conocidos y otros no tanto. Ante un rompecabezas moral e intelectual que cada uno terminará armando de una manera diferente. El efectivo plano final puede parecer excesivo, incluso artificioso, pero no hay que olvidar que estamos dentro de los territorios de la ficción y ese universo endogámico que nos describe su autora no podía tener otro desenlace… sorprendente e inevitable, como ya dijo, hace muchos siglos, Aristóteles.

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