Jerry Lewis

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02 sep Jerry Lewis

 

Incluir a Jerry Lewis en el firmamento de los autores siempre ha tenido un punto de excentricidad, especialmente cuando lo descubrimos en esos años luminosos de nuestra juventud cinéfila, vividos a caballo entre los últimos tiempos del franquismo y la transición. Cuando para esa parte de la sociedad movilizada contra el régimen, que constituía nuestro hábitat natural, Jerry Lewis no era más que un cómico gesticulante —norteamericano, por más señas, una nacionalidad que despertaba todos los recelos entre la progresía del momento— cuyas películas no tenían un mensaje claro de izquierdas, más bien no tenían ninguno de esta clase. Claro que a algunos nos gustaba ir a contracorriente, no contra una sola, que también, sino contra unas cuantas, así que, haciendo oídos sordos al entorno, situamos a Jerry en nuestro libro rojo de los cineastas preferidos.

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Aunque hay que reconocer que nuestros compañeros de viaje no andaban muy desencaminados, pues Jerry Lewis tardaría años en obtener ese reconocimiento, especialmente en su propia sociedad y cinematografía —si es que alguna vez lo tuvo—, donde fue un showman y un actor muy popular —en los escenarios de las salas de fiesta, en los hogares ante al televisor y también en las pantallas de los cines— pero nada más. Un prestigio que, sin embargo, le llegó de la mano de la exigente crítica francesa que, literalmente, descubrió al mundo, y a la propia industria USA, la excelencia de autores como Sam Fuller, Nicholas Ray… o Jerry Lewis: «A pesar de los maquillajes, de las muecas exageradas y de los colores chillones en exceso, el universo pintado por Lewis no pertenece a un mundo imaginario: los personajes que vemos caricaturizados de forma cruel están cercanos a nosotros. Esto es lo que provoca nuestra risa. Porque son lo que nosotros somos, nos reímos de sus pequeñas y grandes miserias, pero, si dejamos de reír para contemplar el más allá de todas estas gesticulaciones, podemos entrever las dimensiones políticas y humanas expresadas en cada film. Porque nada es mostrado por el sesgo del sueño, todo se sitúa en el revés de la vida». (Nöel Simsolo, Le monde de Jerry Lewis).

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A grandes rasgos podemos agrupar la trayectoria cinematográfica de Jerry Lewis en tres bloques. El primero se corresponde con sus inicios en la pantalla, a principios de los años cincuenta, con Jerry ejerciendo únicamente de actor e, inicialmente, formando pareja con Dean Martin —uno de esos binomios basados en la radical oposición de sus integrantes, como Laurel y Hardy (el gordo y el flaco), en este caso el guapo y listo frente al feo y tonto— en títulos muy discretitos, como Sailor beware / ¡Vaya par de marinos!  (1952) o The caddy / ¡Qué par de golfantes! (1953), ambos traducidos con idéntico «ingenio» para su distribución en España. Y más tarde como protagonista en solitario en films como The sad sack / El recluta (1957) o Don’t give up the sip / Adiós mi luna de miel (1959), soltando el lastre que le adjudicaba su carácter de complemento de Dean Martin y comenzando a crear el personaje que, finalmente, le acompañaría en su etapa más fecunda como productor, guionista realizador, actor… es decir, como autor total.

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La segunda etapa que le vamos a adjudicar no presenta unos límites temporales precisos y se cruza con la primera —tanto en su faceta de pareja con Martin como en la de protagonista único— y también con la tercera. Este bloque está exclusivamente definido por la presencia del realizador Frank Tashlin, un cineasta con una amplia visión del género que supo comprenderle como nadie y con el que colaboró en ocho películas. Las dos primeras, todavía con Dean Martin, son, con distancia, las mejores de la pareja: Artists and models (1955), una película que nunca llegó a estrenarse en España y con algunas claves del género musical —más allá de la inevitables y pegadizas canciones de Martin—, y Hollywood or bust / Loco por Anita (1956), una divertida parodia de la industria del cine que anticipa el espía en Hollywood que realizaría años más tarde.

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Ya con Jerry Lewis como protagonista absoluto, Tashlin le dirige en otras seis películas, algunas realizadas después de que Jerry diera el salto a la dirección. Comenzando por la estupenda Rock-a-bye baby / Yo soy el padre y la madre (1958), remake de la magistral comedia de Preston Sturges del mismo título y con una genial escena con Jerry actuando como solista de un grupo de rock. Entre estos seis títulos vamos a destacar, además del citado, otros tres: Cinderella (1960), una versión del cuento de La cenicienta, con Lewis anticipando los modales de su posterior profesor chiflado y con uno de los mejores descensos de escaleras que recordamos en la pantalla; y dos comedias que son toda una apoteosis del slapstick, ese apartado del género generoso en torpezas y porrazos, directamente heredado de las excelencias del mudo, Who’s minding the score? / Lío en los grandes almacenes (1963), manual de ineptidudes en el interior de una gran superficie comercial con una secuencia, Jerry arrollado por una turba de mujeres maduras que asaltan el establecimiento el primer día de las rebajas, que expresa gráficamente una de las constantes más reconocibles de su filmografía; y The disoderly orderly / Caso clínico en la clínica (1964), en la que interpreta a un hipocondríaco profesional de la sanidad que somatiza todos los síntomas y aprensiones de sus pacientes.

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Estas comedias del binomio Frank Tashlin / Jerry Lewis anticipan, pues, dos de las claves que definirán el cine de Jerry como autor en solitario. De un lado esa predilección por el gag visual, que enlaza y recupera la mejor tradición del género en los USA tras el paréntesis marcado por la primacía del humor verbal, un poco al abrigo del entusiasmo por la llegada del sonoro; y del otro, esa visión del varón medio norteamericano como un ser cargado de debilidades y complejos que continua a la sombra de un matriarcado que nunca supo ni quiso abandonar.

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No obstante, su primer largometraje como realizador, The bellboy / El botones (1960), un film de bajo presupuesto y estructura de episodios, se desmarca un tanto de lo que había sido su experiencia con Tashlin y de lo que sería su cine posterior. La película, que acumula una serie de situaciones vividas por un joven, ingenuo e inexperto botones de un hotel, está concebida como una simple sucesión de gags —lo que no es poco— y constituye un homenaje a uno de sus modelos de referencia, el gran Stan Laurel.

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Su filmografía, su gran filmografía como realizador, arranca realmente con su siguiente título The ladies man / El terror de las chicas (1961), primer encuentro con el guionista Bill Richmond, que será su colaborador habitual durante varios años. Un excelente trabajo, con nuestro protagonista llamando a gritos a su mamá al verse a merced de los encantos de un internado de señoritas, que cuenta con una secuencia antológica: el movimiento de grúa que descubre el inmenso decorado, los diversos pisos del edificio, en el que está sucediendo la acción.

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A continuación realiza una selecta lista de títulos, la mayoría interpretados por el propio Jerry y la mayoría estrenados, con mayor o menor fortuna, en nuestras pantallas, aunque con algunas excepciones como One more time (1970), con Sammy Davis jr. y Peter Lawford, en el que no aparece como actor y que sólo pudimos conocer por un pase televisivo. Y un film maldito, The day the clown cried (1972), en el que interpreta a un payaso que ha sido recluido en un campo de concentración nazi y actúa para los niños judíos internados en el mismo, una película desconocida y de accidentado proceso de producción que, en algunos momentos, llegó a considerarse desaparecida.

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Ciñéndonos solamente a sus obras estrenadas en España, que son prácticamente todas, tenemos en primer lugar dos intencionadas miradas sobre las tripas de la fábrica de sueños de Hollywood: The errand boy / Un espía en Hollywood (1961), desde unas claves de comedia pura, heredera del cómico de la etapa silente; y The patsy / Jerry Calamidad (1964), en un registro más grave y reflexivo, pero sin abandonar los eternos fundamentos de comedia del cineasta.

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Entre ambas se sitúa una de sus obras maestras, The nutty professor / El profesor chiflado (1963), una personal lectura del tema de Jekyll y Hyde, que analiza y desmonta una serie de mitos profundos de la sociedad USA asociados a la figura del varón, con un personaje femenino, interpretado por Stella Stevens, que demuestra mucha más madurez, a pesar de su juventud, y que termina ejerciendo un control sobre su vida del que carece nuestro protagonista, con un estupendo plano final en el que esconde un par de frascos con la pócima que convertirá a su apocado profesor en el irresistible Buddy Love.

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Su filmografía como realizador la completan otros cuatro títulos de altura: The family jewels / Las joyas de la familia (1965), con nuestro actor interpretando varios personajes, entre ellos un delirante sosias de Bogart;  Three on a couch / Tres en un sofá (1966), un intencionado disparate sobre la locura y la «normalidad», en el que Jerry se dispone a sanar por la vía rápida a los pacientes de su novia para que ésta le acompañe en un viaje de placer a París; The big mouth / La otra cara del gánster (1967), con el personaje de Jerry sometido al tema del doble; y Which way to the front? / ¿Dónde está el frente? (1970), su última gran obra, un desmadrado alegato contra la guerra.

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Tras esta película su carrera como realizador sufre un parón de diez años, regresando a principios de los ochenta con dos películas, de nuevo con un formato de episodios, que se sitúan en un registro menor, aunque con momentos en los que brilla el gran Jerry de siempre: Hardly working / ¡Dale fuerte, Jerry! (1980) y Smorgasbord / El loco mundo de Jerry (1983).
Sin duda uno de los grandes de la comedia, uno de los grandes del cine, Jerry Lewis…

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